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Reliquias de Michigan.

La maldición de las casas ovni de Sanzhi

 

LA MALDICIÓN DE LAS CASAS OVNI DE SANZHI.

Con casi cuatro millones de habitantes, Nuevo Taipéi es la ciudad más poblada de Taiwán. En su parte norte, bordeando la costa, se encuentra el distrito de Sanzhi, que ocupa un área de casi sesenta y seis kilómetros cuadrados donde viven unas 20 mil personas. Es aquí en este lugar donde se encontraba el atractivo complejo vacacional abandonado. La urbanización era popularmente conocida como «casas-ovni de Sanzhi» por el extraordinario parecido de los edificios con naves extraterrestres. El origen de estas psicodélicas construcciones se remonta a 1978, año en que los promotores iniciaron unas obras faraónicas para llevar a cabo un proyecto, quizás tan irresponsable cómo ambicioso.

En verdad era uno de esos planes inmobiliarios que convierten a sus constructores en visionarios de la construcción y de la especulación para crear un idílico y sofisticado lugar de vacaciones para los militares estadounidenses destinados al norte de Taipéi, procedentes de las misiones de Asia Oriental. Como recordarán , en aquel momento las relaciones diplomáticas entre China y Estados Unidos eran excelentes debido al acercamiento diplomático del presidente norteamericano Jimmy Carter y su homólogo chino.

La idea original de construir casas con forma de ovnis partió de Yu Koh Chow, un fantasioso fabricante de plásticos de la empresa Sanjhih Township que pensó que sería un proyecto llamativo y atrayente para un público romántico del tema ovni, que se encontraba en auge en aquellos años.

 El proyecto fue encargado al arquitecto finlandés Matti Suuronen, famoso por ser autor de «Futuro», una casa prefabricada en plástico y poliuretano que tenía forma de platillo volante. Suuronen, que llegó a vender alrededor de un centenar de "casas Futuro" por todo el planeta, parecía el hombre ideal para convertir aquel verde y vírgen rincón de la costa taiwanesa en una urbanización para el turismo interior. O, al menos, eso creían los promotores inmobiliarios que tuvieron una idea que, solo traería caos, muerte y extrañas circunstancias inimaginables.

Un dragón chino y un cadáveres.

El proyecto de las casas-ovni de Sanzhi tuvo contratiempos desde el primer momento, cuando los camiones, grúas y demás vehículos necesarios para iniciar la construcción llegaron a la zona, se toparon con el primer obstáculo: un inmenso dragón chino de piedra plantado en plena entrada interrumpía el paso, como amenazante, avisando de que aquél territorio no debería de ser explotado para esos fines.

Ignorando cualquier leyenda antigua que tuviese que ver con maldiciones y dragones, los obreros sin ningún tipo de cautela, partirían en dos al dragón milenario, en lo que muchos supuestos expertos en esoterismo consideraban que este violación del territorio traería más desgracias que beneficios. Romper un dragón chino es algo muy serio en el ámbito de la mitología china, mitología en la que se integran partes de nueve animales: ojos de langosta, morro de buey, nariz de perro, cuernos de ciervo, bigotes de bagre, melena de león, cola de serpiente, escamas de pez y garras de águila. Como representación del concepto de yang, que viene a ser el principio activo y masculino, el dragón es un símbolo sagrado en la ya mencionada mitología china. Romperlo fue un acto temerario que, de alguna manera, rompió el equilibrio. ¿este pudo influir en el trágico devenir de las obras?.

Además de la ira del dragón, hay otra teoría que quizá le suene aún más inverosímil, de la que ciertos lugareños hablan en susurros cuando beben demasiado baijiu una bebida alcohólica de la tierra.

 La empresa constructora ignoró todos los relatos, pero al final fue filtrada por la indiscreción de los obreros que bajaban a emborracharse en los bares de la ciudad, que aseguraban que, al excavar en el terreno donde se construirían las casas-ovni, habían desenterrado alrededor de veinte mil esqueletos de soldados holandeses del siglo XVII. 

JD 17 01 288 19Fotografía: Yeowatzup (CC)

Esta isla de Taiwán estuvo habitada únicamente por pueblos de origen malayo-polinesio, pero en el siglo XVII fue ocupada por españoles, chinos, japoneses y holandeses. Como consecuencia de alguna sangrienta batalla perdida, miles de soldados holandeses fueron enterrados sin sepulturas en el subsuelo de esta zona de Sanzhi. Lo que alimentaría todo tipo de creencias sobre la vuelta de los muertos a nuestro mundo, siglos después de la susodicha batalla, los descendientes de los malayo-polinesios que los habían aniquilado turbaran su descanso y los arrancaran de sus tumbas a golpe de excavadora, sin presentarles siquiera sus respetos con mantras, como exige la tradición del lugar.

Obras y muerte.

La constructora Yu Chow empezó las obras en 1978 y las detuvo en 1980, por una supuesta bancarrota los documentos oficiales. En ese par de años, el trabajo de construcción se convirtió en una actividad lenta e intermitente, debido a los constantes supuestos fenómenos paranormales que castigaron no solo a la obra y a los obreros, sino también a todo el distrito de Sanzhi. Los primeros meses el trabajo avanzó a de manera regular debido a condiciones climatológicas. La costa fue azotada por un tifón que generaba un tremendo impedimento en la jornada laboral, esto ayudó a verificar cierta fragilidad de las casas-ovni, mucha parafernalia por fuera pero con edificaciones muy cuestionables a la hora de soportar los tifones, tsunamis y terremotos, tan habituales en la zona, que obviamente supuso muchas pérdidas de dinero a la empresa constructora, este fue el primer aviso de la supuesta maldición de este terreno histórico que parecía querer impedir por voluntad propia la edificación faraónica de las casas-ovni.

Pero la construcción continuó contra todo pronóstico. Y fue entonces cuando empezaron las muertes. A lo largo de los dos años que duró la obra, fallecieron en inexplicables circunstancias la friolera de veinte obreros. Algunos de ellos murieron en la controvertida zona de entrada, antes ocupada por el dragón chino. Las causas de los decesos fueron múltiples, desde infantiles tropezones hasta accidentes con maquinaria pesada. Otros sufrieron caídas, fiebres, indigestiones o infartos que acabaron con ellos o los hicieron pasar largas temporadas en el hospital. Asimismo, hubo incontables accidentes de tráfico en la carretera adyacente a la obra. Como recuerda Cheng, uno de los trabajadores que sobrevivieron a la debacle, "he trabajado en muchas obras, pero en aquella había un ambiente muy raro, algo malo que subía desde las tripas de aquel lugar. No sabría explicarlo y prefiero olvidarlo". 

Como consecuencia de la ola de muertes, muchos de los obreros tomaron la decisión de abandonar el trabajo, más de uno aseguró haber visto dando tumbos y alaridos por la entrada de la obra a alguno de sus compañeros fallecidos. Los médicos tomaron estas declaraciones como un síntoma de enajenación mental provocada por el shock de los accidentes, pero lo cierto es que según iban muriendo obreros las malas sensaciones que provocaba el lugar era más que evidentes. Hasta el punto de que se plantearan que quizás, la leyenda sobre el lugar o las leyendas de los dragones y fantasmas de la zona pudiera estar influyendo en los sucesos continuados y accidentes inexplicables.

Fue de tal magnitud los hechos que los lugareños de Sanzhi que antes se acercaban a la zona para darse un baño dejaron de hacerlo, se sentían inseguros en el lugar y trataban de evitarlo.

Pese a que esta situación entorpeció de forma notable el avance de las obras, las casas iban tomando forma, con un aspecto bastante peculiar. Cada edificio se componía de varios módulos redondeados encajados en un pilar de hormigón hueco de base cuadrada donde se hallaban las escaleras para acceder a las viviendas de fibra de vidrio. Las casas del recinto eran todas iguales, pero estaban pintadas en distintos y muy llamativos colores que le daban al conjunto un aire psicodélico que recordaba al futuro, sí, pero a un precio muy alto.

JD 17 01 288 20Fotografía: Carrie Kellenberger (CC)

Los obreros fueron construyendo, con mucha perseverancia, entre; bajas, accidentes, temores e inseguridades un parking subterráneo, jardines amplios y un parque acuático que incluía estructuras en forma de cuevas artificiales. Pero los estragos provocados por las supuestas maldiciones del lugar condicionaron la estrategia del complejo de edificios ovni y la compañía constructora quebró, en diciembre de 1980,entraría en bancarrota, dejando el proyecto casi terminado en el abandono. Y ahí se quedaron las casas-ovnis, abandonadas, arrastrando una historia de muerte, maldiciones y dragones malditos bajos sus capas de materiales de construcción.

El fiasco del proyecto.

Tiempo después en 1989, una marca de cerveza local tuvo la idea de aprovecharse de retomar el proyecto de las casas-ovni, plan que consistía en terminar los edificios y transformar la urbanización en una especie de parque temático con un contexto orientado al marketing de su marca de cerveza. Un grupo hotelero conocido llamado Hung Kuo invirtieron veinticuatro millones de dólares para retomar el proyecto que les permitiría obtener con la especulación grandes beneficios.

Aún sabiendo de los rumores de la supuesta maldición del lugar, pero pensaron que eran supersticiones de los ciudadanos del lugar, a los que tacharían de paletos e incultos. En esta ocasión no hubo muertos, pero sí "supuestos sucesos paranormales", temblores de tierra, vientos huracanados, relámpagos y cientos de figuras negras flotando por todas partes mientras emitían ensordecedores chillidos y risas siniestras. "Una descripción que nos hace recordar a los dementores de las películas de Harry Potter treinta años después".

Poco después, el grupo hotelero abandonó el proyecto, alegando falta de acuerdo con la compañía cervecera, pero, ¿por que nadie tuvo valor para denunciar públicamente lo que de verdad sucedía en aquellas tierras?, quizás tendrían un interés en que dejaran descansar el lugar, al fin de cuentas creían en las maldiciones y creerían que la explotación del lugar afectarían a sus vidas, quizás incluso pensaran que los desastres naturales dejarían de producirse si abandonaban el lugar que creían maldito.

Tras el fracaso del segundo intento de explotar las casas-ovni, ya nadie volvió siquiera a plantearse ningún proyecto en un lugar que no diera beneficios inmobiliarios.

Fueron más de veinte años los que las casas-ovni permanecieron abandonadas, adquiriendo con el tiempo un aspecto de escenario de película de terror o catástrofes y cómo era de esperar un lugar muy atractivo para que turistas, curiosos, exploradores de lugares abandonados y otros frecuentaran la zona en busca de fotos impactantes, fantasmas, psicofonías y demás. Encontraron abundancia de lo buscado al parecer, aunque también algunas mentes más suceptibles y sugestionables y entraron en la locura.

Siendo conscientes del peligro, las autoridades municipales llevaban años haciendo gestiones para demolerlos; el problema era que aún pertenecían a la empresa Hung Kuo. Cuando esta quebró endeudada, tres bancos se repartieron la urbanización ya embargada. En ese momento, el Gobierno de Taipéi se hizo con ella con el único objetivo de destruirla.

Las obras de demolición empezaron en diciembre de 2009 y acabaron en enero de 2010. Curiosamente, no hubo muertos ni heridos, quizás los obreros no trabajaran bajo la sugestión o quizás, en esta ocasión se tomaran en serio los riesgos laborales debido a que ya no había la presión de terminar un proyecto. Y quizá por ello, Chin Hui, el ambicioso director escéptico del departamento de Turismo y Viajes de Taipéi, planea volver a retomar el proyecto: dicho de sus palabras «Nuestra idea es construir hoteles, instalaciones playeras y todo lo necesario para transformar la zona en una gran atracción turística», ha declarado recientemente.


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